Técnicamente, existe recesión cuando el PBI cae durante dos trimestres
consecutivos, lo cual ocurriría en el segundo y el tercero de este año, según
proyecciones privadas. El INDEC ha reconocido una baja del 0,5 % en mayo y la
consultora Orlando Ferreres y Asociados anotó una tasa negativa del 3,9 % para
junio y un cero redondo en el primer semestre.
Algo semejante a esa tendencia reveló, en julio, la recaudación de aquellos
impuestos vinculados directamente con la evolución de la actividad económica
interna.
Los ingresos por el IVA DGI subieron 18,9 % , respecto del mismo mes
del año pasado, unos cinco puntos por debajo de una inflación real calculada en
el 24 % anual. Peor fue la performance del impuesto al cheque, que apenas
avanzó 9 % . Con un 26,7 %, Ganancias todavía mantiene un crecimiento que
puede considerarse efectivo, por encima de la inflación, pero el acumulado entre
enero y julio canta 20,4 %.
Algunos de estos gravámenes reflejan el comportamiento de la economía de
meses previos. Aún así, constituyen un muestrario representativo de la
tendencia.
Y claramente, si se repara que en julio de 2011 los tres habían arrojado
incrementos mayores al 35 % : nada menos que 41,4 % el IVA DGI.
El mes pasado, los derechos de exportación –si se prefiere, las retenciones a
la soja– y las contribuciones al sistema de seguridad social sostuvieron a la
recaudación. En cambio, los impuestos sobre las importaciones volvieron a acusar
el golpe de las restricciones aplicadas por el Gobierno y, ya con mayor nitidez,
el repliegue de la actividad.
Otra evidencia del mismo cuadro es que la economía ha dejado de crear
empleo , tal cual advirtió el propio ministro de Trabajo, Carlos Tomada. El
único que venía en alza, aunque cada vez menor, es el empleo público: esta vez,
sentirá el impacto combinado de los ajustes fiscales en las provincias y del
repliegue en dos impuestos clave de la coparticipación, como son IVA y
Ganancias.
Hasta 2011, el INDEC sobreestimaba el crecimiento del PBI. Ahora sus cifras
parecen más próximas a la realidad. Y tienen una ventaja relativa: si este año
la suba del Producto Bruto no pasa el 3,2 %, en 2013 el Gobierno se ahorrará
arriba de US$ 3.000 millones por el cupón de la deuda atado al PBI.
Los mismos especialistas que pronostican una recesión cercana, auguran un
cuarto trimestre algo más movido. La apuesta se llama Brasil.
Un informe del Ministerio de Economía pone este factor en perspectiva. Habla
de la “ elevada y generalizada dependencia de las exportaciones
industriales respecto del crecimiento de ese país”. Dice, además, que “la
suerte de toda la rama automotriz aparece muy ligada a la evolución de la
actividad brasileña”.
La Brasil–dependencia también es fuerte en hierro, acero, plásticos y
maquinarias. Dicho de otra manera, si el socio del Mercosur repunta todos esos
sectores serán beneficiados.
El problema es que, pese a la batería de medidas de estímulo adoptada por la
presidenta Dilma Rousseff, la economía brasileña tarda en despegar . Sólo
el mercado automotor empezó a mostrarse ciertamente activo.
Según la consultora Abeceb, en junio el PBI de Brasil subió apenas 0,1 %. Y
las estimaciones que inicialmente proyectaban un crecimiento anual cercano o
mayor al 4 %, han virado a un modesto 2,7 %.
Más complicada luce, por ahora, la producción industrial. El Instituto
Brasileño de Estadísticas anotó una caída del 5,5 % en junio y otra del 3,8 %
desde enero.
Todos son indicadores comparados con 2011, cuando la economía del vecino ya
había entrado en un sendero de desaceleración. Y eso minimiza aún más los datos
actuales.
El informe de Economía adjudica menos peso a la devaluación del real sobre el
desempeño de las exportaciones industriales, aunque lo tiene en dos sentidos:
reduce las posibilidades de acceso al mercado brasileño y favorece la entrada,
aquí, de bienes manufacturados de ese país.
Por eso, resulta un dato inquietante que en los últimos doce meses la
depreciación del real contra el dólar haya alcanzado al 29 %, impulsada,
justamente, por las políticas activas y proteccionistas de Dilma Rousseff.
Contemplado en su totalidad, el panorama todavía no da como para
entusiasmarse demasiado con la salida brasileña . Habría que pensar, mejor,
en las perspectivas de 2013.
Ese año pinta más aliviado para el Gobierno, al menos en el frente cambiario.
Con el complejo sojero a la cabeza, las exportaciones agrícolas rendirán más de
US$ 30.000 millones. Y ya no estarán el pago del Boden 2012, ni el cupón
PBI.
El combo permitirá aflojar las trabas sobre las importaciones, especialmente
en aquellas decisivas para el proceso productivo. Y ahora mismo, orientado por
Axel Kicillof, para unas cuantas cosas el verdadero ministro de Economía
, el Banco Central está acelerando las minidevaluaciones: probablemente, 2012
terminará con un ajuste en el orden del 20 o 21 %.
Pero ese esfuerzo choca contra una inflación que hace rato genera
atraso cambiario, encadena distorsiones a lo largo de toda la economía y
descoloca la competitividad de la producción nacional.
Otro problema, ya de este tiempo, pasa por la considerable caída de las
inversiones , siempre imprescindibles y sobre todo en momentos cuando la
capacidad de producción de muchas ramas industriales está tocando el límite. Es,
además, un factor que garantiza actividad y empleo futuros.
Queda, por último, una variable ciega: que el Gobierno acierte con las
políticas. Y en este punto, con antecedentes semejantes al corralito cambiario
de apuro, los especialistas andan a tientas .

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Este medio no genera noticias, no es una editorial de noticias, solo selecciona las noticias publicadas por otras editoriales referidas a los Mercados y las Finanzas y usted puede acceder a los periódicos mediante el link.
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