43. La confianza no tiene precio. julio 9, 2012 By Rodolfo C. Rossi. Publicado en informadorpublico.com
El Estado de Activos y Pasivos del Banco Central (BCRA)
al 30 de Junio pasado habla por sí solo.
En los últimos 7 días la Base Monetaria
= Circulación Monetaria más Depósito de las Entidades Financieras en BC = Pasivo
del BC = Cantidad de Moneda ha crecido el 7,51% y en los últimos 30 días el
40,93%.
La compra de Dólares determinó una expansión monetaria de $ 3.303
millones; el Financiamiento Fiscal de $ 3.284 millones; la Compra de Títulos por
el BCRA de $ 714 millones y las Operaciones de Pases y Redescuentos con los
Bancos de $ 11.400 millones. Solo se absorbieron $ 57 millones.
En un periodo de recesión global el BCRA le está dando fuerte a la
“maquinita”, seguramente siguiendo las recomendaciones de algunos “asesores” que
públicamente en las Jornadas Monetarias y Bancarias organizadas en el año pasado
por el Banco Central manifestaron elípticamente que “la emisión no genera
inflación; que más salarios no generan inflación; que el gasto no genera
inflación”. Probablemente esta importantísima cita constituya el paradigma
económico de la política monetaria del Banco Central (BCRA) en las actuales
circunstancias.
Asentado en sus errores, se manifestó que EEUU no tiene inflación, a pesar de
su laxa y dispendiosa emisión monetaria acentuada incluso en los últimos
años.
Pero eso es un análisis parcial y por lo tanto, incompleto.
EEUU tienen el privilegio de tener una “moneda prominente (US$)” heredera del
patrón oro. Estos “estudiosos” omiten considerar que el financiamiento del
desequilibrio financiero fiscal y externo de EEUU está siendo realizado por casi
todos los países del mundo que se ven en la necesidad de comprar Dólares
estadounidenses para evitar la revalorización de sus monedas respectivas y la
consiguiente pérdida de competitividad.
EEUU consume, invierte, importa siempre sobre sus niveles de ingreso. Pero
atento el importante déficit de su Cuenta Corriente del Balance de Pagos
(desahorro) que tiene desde 1946, transfiere actividad y crecimiento a los demás
países del mundo que presentan, como contrapartida, superávit de sus Cuentas
Corrientes en sus Balances de Pago. El US$ o los Bonos del Tesoro de EEUU, en
periodos de turbulencia económica, es “moneda apetecida” y se transforma en
“encaje deseado” por los Bancos Centrales, corporaciones y personas por la
confianza que inspira, aun conociendo los fuertes desequilibrios económicos que
atraviesa el país emisor.
Rigurosamente EEUU tiene la responsabilidad de “dar monetización al
crecimiento global” que en promedio es de alrededor del 3% del Producto Bruto.
Excedido de tal porcentaje, la política monetaria de EEUU “contribuye” a la
inflación en el mundo, por su efecto sobre la oferta monetaria y sobre los
precios en general.
Con tal única y particular excepción, es de afirmar el clásico concepto de
que la Inflación (distorsión de precios relativos) tiene su origen, en la
emisión monetaria. Una emisión monetaria en exceso a la oferta de bienes
determina, inicialmente, una reducción de la tasa de interés, tal como si
creciera el ahorro y la productividad en la economía. Pero la moneda espuria
(creada de la “nada”) lleva al aumento del gasto público y privado y a la sobre
inversión productiva o inmovilización.
El fundamento de la Economía es el ahorro y la inversión. Confianza. Ello
lleva a una mayor productividad que determina, a su vez, una mejora del ingreso
y la posibilidad de un mayor consumo general y bienestar. Gastar y consumir
antes de ahorrar e invertir, es destruir la riqueza e hipotecar el futuro.
En el particular caso de nuestro país la expansión monetaria expuesta como
determinación anti cíclica frente a un menor nivel de actividad económica, poco
o nada accionará en su reversión. Atento el direccionamiento económico
inflacionario, regulatorio, con el abrupto cerramiento de las posibilidades de
inversión -o al menos de “mantener” el poder adquisitivo del ahorro para
invertir-, se cierne sobre nuestra economía personal, un panorama de
incertidumbre o indefinición ya que nos “obligan” a operar con nuestra moneda
(está prohibida la compra de US$ para ahorrar), a la que precisamente desvirtúan
en su valoración por su impactante emisión.
Lamentablemente, analíticamente, poco podemos confiar en nuestra moneda, en
tanto su respaldo real en Reservas Internacionales viene disminuyendo
continuadamente; cuando el total de los Medios de Pago crece anualmente al
35,5%; cuando el financiamiento fiscal realizado por el BC es de US$ 49.625
millones y la moneda nacional alcanza a $ 244.158 millones equivalente a US$
53.954 millones.
Cierta y pragmáticamente tal sensación, también se “siente” cotidianamente,
cuando (a pesar de los índices oficiales) queremos adquirir hoy las mismos
productos que ayer y no nos alcanza con nuestra moneda acumulada. O cuando
nuestros propios vecinos y socios internacionales, rechazan nuestra moneda por
desconfianza en su valoración.
La confianza en una moneda no se gana con emisión. La confianza en una moneda
se gana por su solidez y respaldo. No se consigue con imposición u
obligación.
Este
medio no genera noticias, no es una editorial de noticias, solo
selecciona las noticias publicadas por otras editoriales referidas a los
Mercados y las Finanzas y usted puede acceder a los periódicos mediante
el link.
El Estado de Activos y Pasivos del Banco Central (BCRA) al 30 de Junio pasado habla por sí solo.
En los últimos 7 días la Base Monetaria = Circulación Monetaria más Depósito de las Entidades Financieras en BC = Pasivo del BC = Cantidad de Moneda ha crecido el 7,51% y en los últimos 30 días el 40,93%.
La compra de Dólares determinó una expansión monetaria de $ 3.303 millones; el Financiamiento Fiscal de $ 3.284 millones; la Compra de Títulos por el BCRA de $ 714 millones y las Operaciones de Pases y Redescuentos con los Bancos de $ 11.400 millones. Solo se absorbieron $ 57 millones.
En un periodo de recesión global el BCRA le está dando fuerte a la “maquinita”, seguramente siguiendo las recomendaciones de algunos “asesores” que públicamente en las Jornadas Monetarias y Bancarias organizadas en el año pasado por el Banco Central manifestaron elípticamente que “la emisión no genera inflación; que más salarios no generan inflación; que el gasto no genera inflación”. Probablemente esta importantísima cita constituya el paradigma económico de la política monetaria del Banco Central (BCRA) en las actuales circunstancias.
Asentado en sus errores, se manifestó que EEUU no tiene inflación, a pesar de su laxa y dispendiosa emisión monetaria acentuada incluso en los últimos años.
Pero eso es un análisis parcial y por lo tanto, incompleto.
EEUU tienen el privilegio de tener una “moneda prominente (US$)” heredera del patrón oro. Estos “estudiosos” omiten considerar que el financiamiento del desequilibrio financiero fiscal y externo de EEUU está siendo realizado por casi todos los países del mundo que se ven en la necesidad de comprar Dólares estadounidenses para evitar la revalorización de sus monedas respectivas y la consiguiente pérdida de competitividad.
EEUU consume, invierte, importa siempre sobre sus niveles de ingreso. Pero atento el importante déficit de su Cuenta Corriente del Balance de Pagos (desahorro) que tiene desde 1946, transfiere actividad y crecimiento a los demás países del mundo que presentan, como contrapartida, superávit de sus Cuentas Corrientes en sus Balances de Pago. El US$ o los Bonos del Tesoro de EEUU, en periodos de turbulencia económica, es “moneda apetecida” y se transforma en “encaje deseado” por los Bancos Centrales, corporaciones y personas por la confianza que inspira, aun conociendo los fuertes desequilibrios económicos que atraviesa el país emisor.
Rigurosamente EEUU tiene la responsabilidad de “dar monetización al crecimiento global” que en promedio es de alrededor del 3% del Producto Bruto. Excedido de tal porcentaje, la política monetaria de EEUU “contribuye” a la inflación en el mundo, por su efecto sobre la oferta monetaria y sobre los precios en general.
Con tal única y particular excepción, es de afirmar el clásico concepto de que la Inflación (distorsión de precios relativos) tiene su origen, en la emisión monetaria. Una emisión monetaria en exceso a la oferta de bienes determina, inicialmente, una reducción de la tasa de interés, tal como si creciera el ahorro y la productividad en la economía. Pero la moneda espuria (creada de la “nada”) lleva al aumento del gasto público y privado y a la sobre inversión productiva o inmovilización.
El fundamento de la Economía es el ahorro y la inversión. Confianza. Ello lleva a una mayor productividad que determina, a su vez, una mejora del ingreso y la posibilidad de un mayor consumo general y bienestar. Gastar y consumir antes de ahorrar e invertir, es destruir la riqueza e hipotecar el futuro.
En el particular caso de nuestro país la expansión monetaria expuesta como determinación anti cíclica frente a un menor nivel de actividad económica, poco o nada accionará en su reversión. Atento el direccionamiento económico inflacionario, regulatorio, con el abrupto cerramiento de las posibilidades de inversión -o al menos de “mantener” el poder adquisitivo del ahorro para invertir-, se cierne sobre nuestra economía personal, un panorama de incertidumbre o indefinición ya que nos “obligan” a operar con nuestra moneda (está prohibida la compra de US$ para ahorrar), a la que precisamente desvirtúan en su valoración por su impactante emisión.
Lamentablemente, analíticamente, poco podemos confiar en nuestra moneda, en tanto su respaldo real en Reservas Internacionales viene disminuyendo continuadamente; cuando el total de los Medios de Pago crece anualmente al 35,5%; cuando el financiamiento fiscal realizado por el BC es de US$ 49.625 millones y la moneda nacional alcanza a $ 244.158 millones equivalente a US$ 53.954 millones.
Cierta y pragmáticamente tal sensación, también se “siente” cotidianamente, cuando (a pesar de los índices oficiales) queremos adquirir hoy las mismos productos que ayer y no nos alcanza con nuestra moneda acumulada. O cuando nuestros propios vecinos y socios internacionales, rechazan nuestra moneda por desconfianza en su valoración.
La confianza en una moneda no se gana con emisión. La confianza en una moneda se gana por su solidez y respaldo. No se consigue con imposición u obligación.
julio 9, 2012
By Rodolfo C. Rossi.
Publicado en informadorpublico.com
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